La mujer que tocó el manto de Jesús y la hija de Jairo

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(Mateo 9:18-26; Marcos 5:21-43; Lucas 8:40-56)

Introducción

Vamos a ver dos acontecimientos en la vida de dos personas, una adulta y otra en una jovencita. No sabemos sus nombres pero sabemos mucho de ellas y sus circunstancias, que es lo que realmente nos interesa.

Este pasaje es una historia dentro de otra historia, un milagro dentro de un milagro. Estas dos historias nos muestran las consecuencias del pecado, que son terribles en el mundo y en el ser humano en general. Se manifiesta en la corrupción del corazón, en enfermedades, en mucho sufrimiento, en muerte, y finalmente en muerte eterna.

Ahora bien ¿hay algún remedio para todo esto? ¡Por supuesto que sí!, la Biblia nos lo dice. El remedio, el Rescatador, el Salvador, no es otro que Jesús el Hijo de Dios. Este es el propósito de los cuatro evangelios, Juan 20:31, mostrar que Cristo es el que destruye toda enfermedad y sufrimiento, la muerte, y el que nos da vida eterna.

Jairo

Antes de estos dos milagros, Jesús había estado en la tierra de los gadaneros, y allí hizo un milagro de sanar a un endemoniado (Marcos 5:1-20). Después de sanar a este hombre, la gente de allí en vez de recibirle le insisten que se marche de su tierra y Él nuevamente coge la barca y vuelve a Galilea. Allí ya le estaban esperando multitud de personas en la misma orilla.

En esa multitud aparece un hombre llamado Jairo, que era principal de la sinagoga. No era sacerdote, pero era responsable de los cultos de adoración, y de la sinagoga en sí, de que todo estuviera en orden y dispuesto para los cultos a Dios. Era un hombre respetado en su comunidad, y conocido por muchos. Era un hombre temeroso de Dios y dedicado a servirle. Al acercarse a Jesús se humilla delante de Él y se postra a sus pies. Tenía una petición muy urgente v.23 su hija estaba agonizando y sabía que Jesús podía salvarla, tenía fe en el poder de Jesús. Había oído de los milagros que ya había hecho por todos los sitios donde iba y por eso tenía la certeza de que si ponía sus manos sobre ella, sanaría.

Aquí vemos también la disponibilidad y la pronta respuesta de Jesús hacia esta súplica de Jairo y fue con él en dirección a su casa.

La mujer que tocó el manto de Jesús

Cuando va de camino a la casa de Jairo, hay una interrupción, un paréntesis en la historia. Aparece otro personaje, una mujer. ¿Qué sabemos de ella? v. 25-26:

- Tenía una enfermedad incurable, padecía hemorragias de sangre.

- Llevaba 12 años sufriendo esta enfermedad.

- Perdió todo su dinero en muchos médicos.

- Su situación era peor que al principio.

Como consecuencia de esta terrible enfermedad, esta mujer tenía una vida terrible, nunca pudo estar limpia según las leyes del Antiguo Testamento en Levítico 15:19-27. Esto en práctica significaba que nunca podía ir a la sinagoga o al templo, si tocaba a su marido (no sabemos si estaba casada), este era inmundo, si tocaba a sus hijos, amigos o extraños, estos eran inmundos. Era una excluida socialmente. ¿Qué tipo de vida era esta? Sería una mujer muy solitaria y muy triste.

Ella quería pasar desapercibida por su condición de inmunda, quizás había venido de una larga distancia porque aparentemente en la multitud nadie la reconoció.

Esta mujer estuvo buscando un remedio en todos los sitios, y con todo el mundo, pero no lo halló. Su situación es una buena ilustración de tanta gente que busca remedio para su alma en religiones, filosofías, obras, sacrificios, pero no encuentran nada. Necesitan ir a Cristo, volverse a Él. Él es el único que puede traer salvación a tu vida.

La mujer lo único que quiere es “tocar el manto de Jesús” v.27-28. Quería tocar en secreto, su condición era muy embarazosa y como era impura la condenarían por tocar a Jesús. No había ninguna magia en el manto de Jesús, sino que tenía fe en Él para sanarla, y Jesús honró la de de esta mujer. Porque ¿qué ocurrió?

La mujer es sanada y salva

Ella pensó si tan solo tacara el borde de su manto seré sana. Puedo gatear, inclinarme y tocarle. Y así fue, tocó su manto por detrás entre la multitud v.27 y fue sanada al instante v.29. Es muy interesante que fue sanada sin la participación consciente de Jesús, ¡Tal era el poder que tenía!

Jesús a su vez percibió que había salido poder de Él y preguntó ¿quién le había tocado el manto? v.30. Los discípulos le contestan que era imposible saberlo, todos le oprimían y todos le tocaban. Pero este toque era diferente, con fe, y Él lo sabía porque salió poder de sí mismo. Él miraba alrededor entre la multitud para descubrir a la persona de fe.

La  mujer nos dice el evangelista v.33 se postró ante Él y le dijo toda la verdad. Confesó toda su historia, su miseria y su fe en Él.

Jesús le contesta con palabras llenas de sensibilidad y compasión espiritual. Este es el único lugar en los evangelios donde Jesús llama a alguien “hija”. La fe de la mujer en Jesús fue el medio para obtener la ayuda de Jesús v.34. Jesús con estas palabras le asegura que su sanidad era completa y permanente. “Tu fe te ha salvado” es la misma palabra para salvación, no solo sanidad. Por lo tanto esta mujer no solo fue sanada de sus hemorragias sino de su pecado, fue salva.

Según la ley del Antiguo Testamento, si la mujer tocaba a Jesús le hacía inmundo, pero no fue así con Jesús, al revés, ella fue sanada y salvada. Lo mismo ocurre cuando venimos a Jesús con nuestro pecado y lo ponemos sobre Él, no le hace a Él pecador, sino que nos limpia. ¿Has sido salvada y limpiada por Él? Solo tienes que ir a Él con fe como hizo esta mujer.

Ahora ya podía disfrutar de una vida normal y social, ya que era una persona limpia.

La hija de Jairo es resucitada

Volvemos a Jairo y su desesperación por la situación tan grave de su hija. Segura que Jairo estaría mientras tanto muy impaciente, pero Jesús ¿no te das cuenta de que mi hija está agonizando? Por favor no te entretengas con nadie ni con nada. Dios nunca se entretiene, y aunque parece que lo hace para el que sufre.

Mientras ocurría todo esto con la mujer le dan la mala noticia a Jairo de que su hija ya ha muerto v.35. ¿Cómo se sentiría cuando le dieron la noticia? Quizás pensó “Ves Señor, si no te hubieras entretenido con esa mujer, mi hija viviría”. Los que le dieron la noticia creían que Jesús solo podía ayudar o curar a los vivos, por eso le dijeron a Jairo que no molestara más a Jesús.

Jesús le dijo a Jairo que no temiera, sino que creyera v.36. Jesús sabía que el temor y la fe no van juntos. “Cree solamente” ¿qué se supone que Jairo tenía que creer? Su hija había muerto, ya no había esperanza. Pero lo único que tenía que creer es la Palabra de Jesús, porque es lo único que trae esperanza.

Tenemos tendencia de agarrarnos a la esperanza mientras podemos ver una puerta abierta. Pero eso es una esperanza del mundo. Eso es andar por vista y no por fe. Jesús le dijo “No temas, cree solamente”. Cuando todo lo que tenemos es fe, cuando sabemos que no hay solución, ni por suerte, ni por circunstancia, es cuando andamos por fe y crecemos en ella. La fe crece durante esas ocasiones cuando Dios es el que interviene sabiendo que no hay ninguna salida.

Para nosotras hoy día es igual, tenemos que creer y confiar en la Palabra de Dios, es como si Dios mismo nos hablara aquí delante. Su Palabra sigue teniendo autoridad, la misma que en aquel entonces.

Jesús se dirigió a la casa de Jairo como era su propósito en un principio y no permitió que la multitud le siguiera, excepto tres de sus discípulos, Pedro, Jacobo y Juan.

Deja una multitud y al llegar a la casa se encontró con otra multitud v.37-38. Allí estaban las plañideras (Jeremías 9:17). Era costumbre pagar a personas que lloraran y tocaran la flauta como señal de pérdida y de tristeza. Había mucho alboroto en la casa. Jesús les dijo a toda esta gente que la niña no estaba muerta sino que dormía, de forma figurada (Juan 11:11-14). La gente se burló de Él. Jesús los excluyó a todos y los echó. Solo permitió a los que Él quiso que fueran testigos del milagro. A sus tres discípulos y a los padres de la niña.

Jesús tomó la mano de la niña y le dijo “Talita cumi” que quiere decir: niña, a ti te digo, levántate. Y la niña se levantó y andaba v.41-42. La gente al verla se espantó, literalmente “estaban fuera de sus mentes con gran asombro”. Jesús no quería publicidad, quería continuar con su ministerio con máxima libertad de movimiento.

Conclusión

Vemos que Jesús obra de manera diferente y a la vez igual con cada persona. Él puede tocar nuestras necesidades de la misma manera:

- La hija de Jairo tenía 12 años de alegría que se iban apagando. La mujer tuvo 12 años de agonía que parecían sin esperanza.

- Jairo fue un hombre importante, líder se la sinagoga. La mujer no era nadie para el mundo, ni siquiera sabemos su nombre.

- Jairo probablemente era un hombre rico, porque era un hombre importante. La mujer era pobre porque gastó todo lo que tenía en médicos.

- Jairo vino públicamente a Jesús, la mujer en secreto.

- Jairo pensó que Jesús tenía que hacer mucho para sanar a su hija. La mujer pensó que todo lo que necesitaba era tocar la túnica de Jesús.

- Jesús respondió a la mujer inmediatamente, y sin embargo respondió a la hija de Jairo después de un retraso.

- La hija de Jairo fue sanada en secreto, la mujer públicamente.

Jesús las rescató a las dos de la muerte. Este doble milagro enseñó a los discípulos que Jesús tenía y tiene poder y control sobre toda enfermedad y muerte. Ahora bien, ¿lo tiene sobre tu vida?

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