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Deuteronomio 4: 7-8

Deu 4 FacPorque ¿qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está Jehová nuestro Dios en todo cuanto le pedimos? Y ¿qué nación grande hay que tenga estatutos y juicios justos como es toda esta ley que yo pongo hoy delante de vosotros?

En verdad no tengo nada que envidiar al mundo, ni sentirme atemorizado ante ninguna de sus filosofías o religiones, por antiguas o modernas, poderosas o influyentes que sean.

¿Qué pueblo tiene un Dios como tú y una ley o palabra como la tuya?

Siendo el Dios único al que el universo no le puede contener (1 Reyes 8:27), soberano y lleno de tu propia gloria..., eres un Dios cercano, que escucha y ve el clamor de su pueblo y que nos habla y lo hace dando a su propio Hijo (Heb. 2:12).

Tu palabra también es asombrosa e incomparable, eterna (Mt. 5:18; 24:45) … es tu propio aliento (2 Tim. 3:16). El decálogo (v.13), me enseña tanto de ti (lo que demandas por ser quien eres) como de mí (lo que debo y no puedo). Tus principios no han podido ser igualados, tus promesas siguen trayendo esperanzas y tus bendiciones (Cristo es la mayor) siguen cambiado vidas. ¡Qué placer tener ahora en mis manos tu palabra!

No, no tengo que envidiar nada, contigo y tu Palabra lo tengo todo, son ellos los que deberían envidiarme y buscar lo que les falta.

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