espiritusanto123¿Qué enseña la Biblia sobre el Espíritu Santo? Esa es la pregunta que, con la ayuda del Señor, quiero intentar contestar con una serie de artículos, comenzando por este.

 ¿Por qué? ¿Por qué debemos interesarnos por lo que enseña la Biblia sobre el Espíritu Santo?

1. Porque es un tema sobre el cual la Biblia tiene mucho que decir.

2. Porque es un tema muy importante: tiene que ver nada menos que con quién es Dios.

3. Porque es un tema sobre el cual existe:

(a) bastante ignorancia, incluso por parte de muchos creyentes.

(b) algunas ideas y enseñanzas populares pero erróneas (o sea, no bíblicas).

(c) mucha confusión.

4. Porque es un tema al que se dice que los cristianos reformados no le damos la suficiente atención o importancia.

5. Porque es un tema de mucho ánimo y muy práctico. (La buena teología bíblica, bien entendida, siempre lo es).

¿Quién es el Espíritu Santo?

La palabra «quién», que no «qué», es de suma importancia; el Espíritu Santo no es una cosa, sino una persona, no un algo, sino un alguien.

1. Los nombres del Espíritu Santo
Muchas veces se le llama, sin más, “el Espíritu”, “mi Espíritu”, “tu Espíritu”, “su Espíritu”, etc. Aparte de esos nombres sencillos, los nombres más importantes son:

• "El Espíritu Santo" (Mt. 1:18, 20; 3:11; 12:32; 28:19; Mr. 12:36; 13:1 1; etc.).
• "El Espíritu de Dios" (Gen. 1:2; Num. 24:2; 1 Sam. 10:10; 2 Cronicas. 15:1; Mt. 3:16; 12:28; Ro. 8:9, 14; 1 Cor. 2:14; 1 Pe. 4:14; etc).
• "El Espíritu de Jehová" (Jue. 3:10; 6:34; 14:6, 19; 1 Sam. 16:13; Isaias 11:2; 61:1; Eze. 11:5; etc.).
• "El Espíritu del Señor" (Luc. 4:18; Hech. 5:9; 8:39; 2 Cor. 3:17, 18; etc.
• "El Espíritu de Cristo" (Ro. 8:9; 1 Pe. 1:11)
• "El Espíritu de Jesucristo" (solo en Fil. 1:19)
• "El Espíritu de su Hijo" (solo en Ga. 4:6)
• "El Consolador" (Jn. 14:16,26; 15:26; 16:7)
• "El Espíritu de verdad" (Jn. 14:17; 15:26; 16:13)
• "El Espíritu de santidad" (solo en Ro. 1:4)
• "El Espíritu eterno" (solo en He. 9:14)
• "El Espíritu de gracia" (solo en He. 10:29)

¡Sí, más nombres de lo que pensábamos!, ¿verdad? Los nombres más comunes son: "El Espíritu"; "el Espíritu Santo"; "el Espíritu de Dios"; y "el Espíritu de Jehová".

bibliaespiritu4562. El Espíritu Santo es Dios
El Señor Jesucristo dijo: "Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; más la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero" (Mt. 12:31 y 32). Sería muy difícil entender la naturaleza y la extrema gravedad de este único pecado imperdonable, si el Espíritu Santo no fuera Dios.

La llamada "gran comisión" incluye estas palabras: "Haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo" (Mt. 28:19). Sería un atrevimiento blasfemo nombrar al Espíritu Santo en tan estrecha relación con el Padre y con el Hijo, y bautizar en el nombre del Espíritu Santo (además de en el nombre del Padre y del Hijo), si el Espíritu Santo no fuera, al igual que Padre y el Hijo, Dios.

En los primeros tiempos de la Iglesia cristiana, Ananías y su esposa Safira mintieron sobre el precio por el que habían vendido una heredad. El apóstol Pedro le dijo a Ananías: "¿Por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo...? No has mentido a los hombres, sino a Dios" (Hech. 5:3 y 4). Tan evidente como dos más dos son cuatro, si mentir al Espíritu Santo es lo mismo que mentir a Dios, entonces el Espíritu Santo es Dios.

3. El Espíritu Santo es una persona
Aun reconociendo que la palabra "persona" en este contexto no es perfecta —sobre todo, por cuanto podría dar a entender que las tres personas divinas sean tres Dioses, y no un solo Dios, ya que las otras opciones que a lo largo de los siglos se han propuesto tampoco están exentas de dificultades—, creo que "persona" sigue siendo la opción menos mala.

En el texto bíblico ya citado contra la blasfemia contra el Espíritu Santo (Mt. 12:31, 32), además de constituir un importante argumento a favor de la deidad o divinidad del Espíritu Santo, lo es también a favor de su personalidad; la blasfemia es un pecado no contra objetos inánimes, sino contra seres personales. Si el Espíritu Santo fuera (como algunos dicen) una mera "fuerza activa", una especie de "energía divina", ¡¿cómo se podría blasfemar contra tal "fuerza" o "energía"?!

Y en la fórmula bautismal instituida por el Señor de la Iglesia (Mt. 28:1 9), siendo el Padre y el Hijo indiscutiblemente personas, ¡¿cómo se podría asociar con ellos no una tercera persona, sino una "fuerza activa" o "energía divina", para bautizar a los nuevos creyentes en "el nombre" de dos personas y de una mera "fuerza" o "energía"?!

Cuando Jesús fue bautizado por Juan el Bautista en las aguas del Jordán, leemos: "Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió, y descendió el Espíritu Santo sobre Él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia" (Luc. 3:21 y 22). En esta escena hermosa y altamente significativa, se ven las tres personas divinas juntas, pero claramente diferenciables: el Padre hablando desde el cielo; el Hijo —encarnado— en el agua, siendo bautizado; y: el Espíritu Santo "en forma corporal, como paloma", descendiendo sobre el Hijo. La persona del Espíritu Santo se manifiesta en la forma de una paloma.

Al hablar con sus discípulos en el aposento alto la noche antes de su muerte, Jesús les dijo: "Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce [...]. El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho" (Jn. 1 4:16,17, 26). La figura del Consolador (el "Paráclitos") —"otro Consolador" como Jesús, otro abogado defensor, que viene a los creyentes para ayudarles, enseñarles, guiarles, recordarles cosas, etc.— es claramente la de una persona, y no de una mera "fuerza" o "energía" impersonal.

Se ve la personalidad del Espíritu Santo también en su dirección de los misioneros cristianos en sus viajes evangelísticos: "Les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia [...]. Intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió" (Hech. 16:6 y 7). ¿Qué impresión nos dan estas intervenciones del Espíritu Santo: de ser impersonales o personales?

En Romanos capítulo 8, sin duda uno de los capítulos más conocidos y más queridos de toda la Biblia, el apóstol Pablo tiene esto que decir sobre el Espíritu Santo: "El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; [...] el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles" (Ro. 8:26). ¡¿Acaso nos podemos imaginar una "fuerza" o "energía" divina ayudándonos así: intercediendo por nosotros "con gemidos indecibles"?! Y, además, la palabra "interceder" implica ponerse uno entre otros dos (o más); ¿entre quiénes se pone el Espíritu Santo cuando él intercede por nosotros de esa manera?: entre nosotros y el Padre, se supone. Se trata de otro indicio más de la personalidad del Espíritu Santo.

En la enseñanza del apóstol Pablo sobre los dones espirituales (1 Cor. 12), que por cierto contiene claras referencias trinitarias, el autor de los dones y el que decide qué dones dar a cada creyente es el Espíritu Santo: "Todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere" (1 Cor. 12:1 1). Aquí se ve la voluntad soberana del Espíritu Santo en el reparto de los dones espirituales.

Al igual que en la fórmula bautismal a la que ya hemos hecho referencia, hay otro texto bíblico donde se une la persona del Espíritu Santo a las del Padre y del Hijo: "La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros" (2 Cor. 13:14). Si en esta doxología paulina tanto "Dios" como "el Señor Jesucristo" son personas, ¿cómo no lo va a ser también "el Espíritu Santo"?

Y por último (sobre este punto), el apóstol Pablo escribió a los creyentes en Éfeso: "No contristéis al Espíritu Santo de Dios..." (Ef. 4:30). Por mucho que se recurra al argumento de que se trata de una forma de expresarse altamente metafórica, el sentido más natural de esta frase paulina es que el Espíritu Santo, al igual que el Padre y el Hijo, es una persona divina susceptible a sentir tristeza ante nuestros pecados.

El simple hecho es que, en la mayoría de estos textos, por no decir en todos ellos, si intentamos sustituir cualquier alternativa impersonal, como "fuerza activa" o "energía divina", por el Espíritu Santo como persona, ¡hacemos violencia a la Palabra de Dios y la reducimos a un texto incomprensible, contradictorio y hasta blasfemo! iNo!, ¡el Espíritu Santo es una persona, una persona divina!

diosespiritusantojesus4. El Espíritu Santo es una persona distinta del Padre y del Hijo
En la fórmula bautismal de Mateo 28:19 hay un solo nombre, pero tres personas distintas. Casi nadie discute que el Padre y el Hijo son dos personas distintas; por lo tanto, es lógico pensar que el Espíritu Santo es otra persona distinta del Padre y del Hijo. Si no fuera así, la fórmula perdería su evidente paralelismo entre las tres personas.

En el relato del bautismo de Jesús (Luc. 3:21 y 22) llegamos a la misma conclusión: hay tres personas divinas y distintas en el escenario: el Padre en el Cielo; el Hijo en el agua; y el Espíritu Santo en el aire. Lucas distingue entre las tres personas divinas.

Y en las palabras de Jesús a sus discípulos en el aposento alto: "El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre..." (Jn. 14:26), también se ven tres personas distintas:

(1) el Padre, quien enviaría al Espíritu Santo en el nombre del Hijo.

(2) El Espíritu Santo, a quien el Padre enviaría en el nombre del Hijo.

(3) El Hijo, en cuyo nombre el Padre enviaría al Espíritu Santo. En otras palabras, el Espíritu Santo no solo es una persona divina; es una persona divina distinta del Padre y del Hijo.

Lo mismo ocurre con la doxología paulina en 2 Corintios 13:14: "La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros". Si, como algunos alegan, el Espíritu Santo no fuera una persona distinta del Padre, entonces en este texto nos encontraríamos ante el muy improbable resultado de tres bendiciones: gracia, amor y comunión, impartidas por solo dos personas: el Hijo y el Padre.

5. El Espíritu Santo tiene los mismos atributos que el Padre y el Hijo
Sobre este aspecto del tema existe una tendencia, incluso por parte de muchos creyentes, de repartir los atributos de Dios entre las tres personas divinas. Pero, tal como nos enseña la buena teología bíblica, las tres personas divinas tienen exactamente los mismos atributos; las tres son santas y buenas, eternas e infinitas, omnipotentes, omniscientes y omnipresentes, etc.

Y tal como se puede apreciar en los siguientes textos bíblicos, el Espíritu Santo es todo lo que son el Padre y el Hijo: es santo (tal como indica su nombre); es bueno (Neh. 9:20; Salmos 143:10); es eterno (He. 9:14); es omnipresente (Salmos 139: 7a); es poderoso (Mi. 3:8; Le. 4:14; Ro. 15:13, 19); es soberano (Hech. 1 6:6 y 7; 1 Cor. 12:1 1); es el Creador (Gen. 1:1, 2; Job. 26:13; 33:4; Salmos 104:30); y participa, tanto como lo hacen el Padre y el Hijo, en nuestra salvación (Jn. 3:1 y ss.; Tit. 3:5; etc.).

Conclusión
Espero que este primer artículo sobre el Espíritu Santo haya dejado claro que se trata de un tema muy importante, bastante más amplio de lo que muchas veces se piensa, con profundas implicaciones para nuestra manera de pensar no solo sobre el Espíritu Santo como tal, sino sobre el que llamamos "Dios", y con implicaciones no menos profundas para nuestras vidas de día en día, tal como veremos, si el Señor lo permite, en los siguientes artículos.

 

Artículo publicado en la revista NUEVA REFORMA número 94 con permiso del autor y del editor. Por gentileza de Editorial Peregrino

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